Algo sobre el legado panista

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rebecca_arenas

Rebecca Arenas

3 de octubre de 2012

 

  De tiempo atrás hemos coincidido con los especialistas en que las políticas en materia de finanzas y de hacienda pública de los gobiernos panistas palidecían, frente a lo que estaba ocurriendo en el resto del mundo durante el surgimiento de la crisis económica sin parangón, en 2007. Mientras los gobiernos de los países industrializados, con clara noción de Estado, decidieron plantearse nuevos esquemas que generaran mayores ingresos gubernamentales para canalizarlos a estimular el crecimiento y con ello, el empleo y el desarrollo, el Gobierno mexicano, más papista que los industrializados, se mantuvo inamovible, asegurando que todo iba muy bien sin necesidad de cambios.

Al equipo financiero de Calderón, de quien ya pocos hablan a pesar de que sigamos padeciendo las secuelas de su empecinamiento, les tranquilizaba que hubiera crecido el empleo formal en 2010; aunque esa recuperación económica fuera parcial, ya que nunca se recuperaron los empleos formales que perdió nuestro país en 2008 y 2009. Es decir, fueron dos largos años perdidos en crecimiento económico y empleo, con un Gobierno federal, prácticamente en bancarrota, sin los recursos suficientes para actuar, a pesar de lo cual Felipe Calderón se negó a llevar a cabo una verdadera reforma fiscal.

Mientras, Estados Unidos ofrecía a los países de Europa Occidental, “opciones para salir del estancamiento económico que se empezaban a manifestar” siempre y cuando los gobiernos de estos países siguieran al pie de la letra sus recomendaciones, que enfatizaban principios de gestión privada de los medios de producción; libertad de mercados; disciplina fiscal; la inserción de economías emergentes (como la nuestra) en el comercio mundial; y hacer a un lado la tentación de asumir un papel orientador de la economía; mientras todo esto ocurría, el Estado mexicano se mostró reticente a aplicar nuevas políticas públicas en la economía, a diferencia de lo que hicieron la mayoría de los países sudamericanos, bajo el liderazgo de Brasil, logrando en esos años altos ritmos de crecimiento económico como anteriormente lo hizo México.

Incondicional a las estrategias neoliberales, el Gobierno de México se mostró pasivo, a la expectativa, en esos tiempos de crisis mientras el mundo actuaba, cambiaba y rompía paradigmas de los últimos 30 años de estancamiento económico. Frente a la necesidad de cambio, México se mantuvo estático, pudiendo haber aplicado políticas públicas que nos permitieran enfrentar la peor recesión desde la depresión mundial de los años 30’s del siglo anterior.

El debate político durante los doce años de presidencias panistas, fue en torno a la polarización social que se dio en México, en la medida en que los sueldos de los altos ingresos seguían creciendo, mientras se estancaban los sueldos de los segmentos de población con más bajos ingresos, haciendo que la pobreza creciera en México, hasta un 50 por ciento, cuando antes ésta se había mantenido entre 25 y 30 por ciento.

Para completar el cuadro, la corrupción y la inseguridad pública crecieron y se extendieron a lo largo y ancho del país, mientras la Presidencia proseguía insistente con su guerra contra el crimen organizado, a pesar de los daños colaterales, que hoy se estima en mas de 70 mil muertes, y de que en ningún momento se pudieran corroborar, los logros y avances en contra de los cárteles de la droga. En su informe anual sobre “La gobernabilidad democrática en México, más allá de la captura del Estado y la polarización social” el Banco Mundial ratificó lo que ya estaban padeciendo en carne propia los mexicanos: la incapacidad de Gobierno federal de atender y proteger las necesidades económicas y sociales de su población.

En ese contexto, la gente seguía preguntando: ¿Dónde está el Estado? Para todos era claro que los niveles de violencia e inseguridad se habían multiplicado a lo largo y ancho del territorio nacional, con ejecuciones sumarias; motines en reclusorios; muertes; fuga de reos; y secuestros multiplicados, sin que hubiera una respuesta de resultados tangibles, por parte de las autoridades, situación que continuó sin cambios hasta el día de hoy.

Un breve repaso sobre el legado panista en materia económica y financiera, confiando en que el Gobierno entrante, que ya ha dado señales claras de que quiere recuperar el rumbo, por ningún motivo se tropiece con la misma piedra.

 

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