Ciudadanía y Gobierno, el diálogo impostergable

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rebecca_arenas

Rebecca Arenas

6 de febrero de 2013

 

El problema de la inseguridad en nuestro país se ha convertido en uno de los principales temas de la agenda nacional en los últimos años.

La calidad de vida de los habitantes de las principales ciudades se ha visto afectada por el incremento en los índices de criminalidad.

Una de las principales causas que genera esto es la difícil situación económica que vive nuestro país; sin embargo, otra de las causas que generan este problema es el creciente deterioro que el tejido social ha experimentado sobre todo en las zonas urbanas.

La inseguridad que en los últimos años pareciera haber tomado carta de naturalización en nuestro país, además de deteriorar la calidad de vida de la sociedad genera una sensación de incertidumbre e indefensión que, por desgracia se ha agudizado al paso del tiempo. La delincuencia, ese flagelo devastador que nos afecta a todos sin importar género ni situación económica, ha sido seguida por la impunidad, el incentivo mayor para seguir delinquiendo, ante la incapacidad del Estado para combatir la corrupción y aplicar la Ley,

A todos queda claro que la responsabilidad de combatir el delito recae en los distintos niveles de Gobierno, pero también que la prevención del mismo está en manos de todos. De ahí la importancia de contar con una ciudadanía organizada, participante y propositiva, que se constituya en efectivo interlocutor del gobierno, para actuar de forma coordinada que produzca resultados positivos para la comunidad y agregue legitimidad a las decisiones del Gobierno.

Desde esta visión, la organización vecinal es, sin duda, el mecanismo más importante de creación de capital social de la comunidad. En la medida en la que la ciudadanía se incorpora al trabajo vecinal, toma una mayor responsabilidad al momento de plantear agendas, ejecutar proyectos y desarrollar programas.

A partir de la organización vecinal, se genera una corresponsabilidad entre el gobierno y los miembros de una determinada comunidad por el beneficio común, motivando a los vecinos para que encuentren alternativas de solución conjunta a sus particulares problemas de inseguridad.

La organización vecinal orientada a un programa de seguridad comunitaria diseñado de acuerdo a las características sociales y culturales propias de cada rumbo, fomenta entre otros importantes aspectos, el rescate de la cultura de la comunidad, la reconstrucción del tejido social y la participación vecinal.

En la medida en la que los vecinos se apoyen para buscar una solución a sus problemas comunitarios, tendrán más y mejores elementos para solicitar a la autoridad responsable aquello que necesitan para mejorar su calidad de vida.

En el Distrito Federal y en las ciudades mas pobladas del país, los vecinos han empezado a organizarse buscando encontrar soluciones cuando no obtienen respuesta de las autoridades. El discurso de los gobernantes aún sigue sin traducirse en medidas concretas, que garanticen la participación de la ciudadanía en el diseño y ejecución de políticas publicas que tienen que ver con la vida comunitaria. Más allá del discurso político, la realidad es que la brecha entre ciudadanía y gobierno se sigue ensanchando.

Esto está ocurriendo en la Costa Chica de Guerrero, en donde los habitantes de varios municipios, hartos de ser victimas de la delincuencia, sin que haya una respuesta efectiva de las autoridades, han decidido constituirse en su propia policía, armándose y tomando decisiones a su pleno arbitrio, que no han tardado en producir excesos y desvíos. Habrá que ver, ahora que los excesos de la autodenominada policía comunitaria se han extendido al turismo que transita por aquellas carreteras, si el señor gobernador de esa entidad sigue apoyando estas acciones de ilegalidad, o asume -con todos los costos- su responsabilidad de hacer valer la ley. La responsabilidad nodal de aplicar la ley, que quede claro, la tiene el gobierno, pero debiera hacerlo tomando en cuenta las propuestas y denuncias de la ciudadanía. Que cada uno actúe por su lado, es garantía segura de ingobernabilidad, y de ahí al autoritarismo, solo hay un paso. Al tiempo.

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