De Colosio a Peña Nieto

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rebecca_arenas

Rebecca Arenas

28 de noviembre de 2012

El pasado 1 de julio votaron por primera vez los jóvenes, hombres y mujeres, que nacieron en 1994, año en que asesinaron a Luis Donaldo Colosio. La inmensa mayoría de estos jóvenes no conocen quién fue Luis Donaldo Colosio, menos, su discurso del 6 de marzo de ese año, 1994. Pero a 18 años de distancia, el discurso de Luis Donaldo tiene absoluta vigencia, porque la pobreza y la desigualdad -a que él hizo referencia- no solo siguen siendo un problema lacerante para millones de mexicanos, sino que se han agravado por la falta de atención del Estado, y porque en los últimos años, la delincuencia organizada ha infiltrado a los segmentos mas pobres de nuestro país, manipulando poblaciones enteras, corrompiéndolas, transformando su conducta, su cultura y hasta su escala de valores. Repasar el discurso de Colosio del 6 de marzo de hace 18 años, provoca desazón, tristeza y desánimo, porque tras doce años de alternancia panista, las necesidades y las demandas siguen siendo las mismas; lo único distinto es que hoy tenemos más pobreza, más desempleo, más marginación, más adicciones, sobre todo entre la población joven; más violencia, más desigualdad y consecuentemente, menos inversión, menos competitividad, menos expectativas de un mejor futuro. Hoy seguimos viendo un México de comunidades indígenas, que no pueden esperar más a las exigencias de justicia, de dignidad y de progreso; también un México de campesinos que aún no tienen las respuestas que merecen; un campo empobrecido, endeudado; un México de trabajadores que no encuentran los empleos ni los salarios que demandan. Un México de jóvenes que enfrentan todos los días la difícil realidad de la falta de empleo; que no siempre tienen a su alcance las oportunidades de educación y de preparación. Jóvenes que muchas veces se ven orillados a la delincuencia, a la drogadicción.

Un México con hambre y con sed de justicia. Así lo dijo Colosio. Un México de gente agraviada, De mujeres y hombres afligidos, de ciudadanos angustiados por la falta de seguridad; ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan. Ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota, que aún tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para alcanzar el progreso. Un México que exige soluciones. Las tesis que formuló Luis Donaldo, el país agraviado que describió; la propuesta de cambio con rumbo que ofertó a los mexicanos hace 18 años, es un referente devastador para el á nimo de cualquiera, a unas cuantas horas de que culmine el ensayo acierto-error que caracterizó a los gobiernos de la alternancia panista: pocos logros, muchos errores y secuelas de pronóstico reservado. La falta de un proyecto nacional que atendiera prioritariamente las demandas apremiantes de millones de mexicanos, nos ha llevado a un escenario de crisis y falta de expectativas ciudadanas, que solo podía recomponerse con un cambio de rumbo.

Por eso el voto mayoritario el pasado 1º de julio fue por un cambio; por una nueva alternancia; por un PRI que recuperara el rumbo del país y generara expectativas de bienestar para los mexicanos. Pero la mera alternancia no es garantía automática de que las cosas vayan a ir bien para México. Nuestra democracia requiere de ciudadanos que sepan hacerse escuchar y atender por el gobierno; que se involucren en los asuntos públicos de forma permanente, propositiva y respetuosa, que hagan contrapeso a la participación estridente, manipuladora, polarizada e incluso violenta, que hoy tenemos. La tarea fundamental es generar ciudadanía. La consolidación del capital social que requiere México, precisa de la participación de todos los actores de la vida pública, en busca de una nueva gobernabilidad democrática, que rompa las desconfianzas mutuas, la ideologización a ultranza y el aislacionismo tanto del gobierno como de las organizaciones ciudadanas.

La decisión popular de cambiar de rumbo dándole la oportunidad a una nueva opción política, capacitada en el ejercicio público y comprometida con la sociedad, tiene que ser honrada en los hechos por el gobierno de Enrique Peña Nieto, impulsando las reformas estructurales que nos hagan salir del actual estancamiento, y promoviendo la construcción de una ciudadanía informada, capaz de transformar el interés individual en colectivo, que agregue legitimidad y respaldo popular a su ejercicio de gobierno.

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