De gobernabilidad democrática y capital social

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rebecca_arenas

Rebecca Arenas

24 de octubre de 2012

 

La gobernabilidad como tema de discusión y análisis es muy reciente en nuestro país. Se empieza a producir con los primeros gobiernos de alternancia locales, y se acentúa notablemente tras la victoria de Fox en las elecciones del año 2000.

Anteriormente, el debate público giraba en torno a la democracia como forma de gobierno; en concreto, sobre si existía más o menos democracia. Después del 2 de julio 2000, comenzó a discutirse sobre la manera de gobernar: si ésta reflejaba otro tipo de gobernabilidad o si se repetían los viejos mecanismos con diferente envoltura.

A partir de los años 90, la tendencia que observamos es hacia la formación de redes temáticas, nacionales, con organizaciones que pusieron el acento en la búsqueda de una mayor incidencia en las decisiones sobre políticas sociales, a través de la elaboración de propuestas alternativas que procuraran contribuir al bienestar social, a combatir la pobreza y desarrollo social justo y equitativo.

Los más optimistas consideraron que la llegada de la alternancia panista significaba: un escenario favorable para la incidencia y la interlocución de las organizaciones civiles; amplias posibilidades para nuevos liderazgos de la sociedad civil y para que ésta se fortaleciera como actor público; y la apertura de espacios de participación en el nuevo gobierno, entre otros.

Otras organizaciones, se mostraron reticentes ante la propuesta de cambio foxista, que no hablaba de contenidos, destacando algunas potenciales amenazas: El riesgo de derechización y radicalización de ciertos grupos; el riesgo de continuismo, sobre todo en lo económico y en lo social; posibilidades de ingobernabilidad producto de la polarización social, conflictos entre los partidos y dentro del gobierno; que la sociedad civil se polarizara y fraccionara; parálisis en el Congreso, producto de la polarización de intereses y grave crisis de la izquierda como proyecto alternativo. Los hechos que siguieron mostraron que los temores de estas organizaciones sobre los riesgos de la causa ciudadana en el gobierno de Fox, estaban mas que fundados. La llegada al poder de Felipe Calderón, seis años después, encontró un clima diametralmente distinto en materia de participación de las organizaciones ciudadanas. La efervescencia inicial había decaído; el cansancio de formular sistemáticamente propuestas sin obtener resultados había hecho mella en la otrora entusiasta propuesta de un nuevo diálogo entre ciudadanía y gobierno. Adicionalmente, la declaración de guerra de Felipe Calderón contra el narcotráfico, dejó claro que las prioridades del nuevo gobierno eran distintas. En el plano de lo social, en donde los dos gobiernos de la alternancia panista canalizaron vastos recursos, el enfoque fue asistencial, prevaleciendo en su relación con la sociedad organizada más un afán controlador que una labor de impulso a estos organismos.

Tras doce años de alternancia, las necesidades y las demandas siguen siendo las mismas; lo único distinto es que hoy tenemos más pobreza, más desempleo, más marginación, más adicciones, sobre todo entre la población joven; más violencia, más desigualdad y consecuentemente, menos inversión, menos competitividad, menos expectativas de un mejor futuro. Ahora bien, el meollo del problema no podemos reducirlo a si las organizaciones civiles colaboran o no con tal o cual gobierno de equis partido, sino en la manera de crear mecanismos de participación social en el diseño, ejecución y evaluación de políticas públicas, que trasciendan a los partidos; más allá del partido que esté en el poder.

Para que la participación ciudadana en las políticas públicas genere resultados tangibles, debe trascender a los periodos gubernamentales, ser de largo plazo, duradera.

La decisión popular de cambiar de rumbo dándole la oportunidad a una nueva opción, capacitada en el ejercicio público y comprometida con la ciudadanía, tiene que ser honrada en los hechos por el gobierno ganador. Las reformas estructurales, que nos hagan salir del estancamiento en el que nos encontramos es impostergable. La construcción de una ciudadanía informada, capaz de transformar el interés individual en colectivo, que haga contrapeso al monopolio de la política que hoy tienen los partidos, tampoco puede esperar.

La consolidación del capital social que requiere nuestro país, requerirá de la participación de todos los actores en busca de una nueva gobernabilidad democrática, que rompa las desconfianzas mutuas, la ideologización a ultranza y el aislacionismo tanto del gobierno como de las organizaciones ciudadanas.

 

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