¿De qué sismos hablamos…?

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rebecca_arenas

Rebecca Arenas

19 de junio de 2013

 

El sábado pasado los habitantes de la Ciudad de México sentimos los estertores trepidatorios y oscilatorios de un sismo estremecedor que nos hizo sentir miedo. Un sismo insólito, que a pesar de su fuerza y duración no produjo daño alguno.

Fué como si la naturaleza dejara de atender la dinámica causa y efecto establecida por los científicos; como si nuestra propia tierra, entrañablemente mágica y esotérica, quisiera hablarle a los mexicanos, y más que al pueblo a sus gobernantes, para advertirles “basta ya”

Basta ya de estrategias y mentiras, de estridencias y chantajes; de blandir los intereses fácticos por sobre los de los mas pobres, los mas necesitados. Los condenados de la tierra, como dijo Fannon; los mismos que llevan cientos de años esperando que las promesas incumplidas, se vuelvan realidad.

Asi como este fenómeno resultó inédito por la ausencia de daños, cual si fuera una advertencia del fondo de la tierra, demandando ser escuchada; de igual forma sucede, cuando escuchamos anunciar con bombo y platillo a los grupos políticos, sobre el advenimiento de una nueva era de compromisos de fondo, de compromisos sociales con los que menos tienen, al traves de los programas sociales, como Oportunidades, que siendo apenas un paliativo ante todo lo que necesita la población para salir de su pobreza extrema, constituyen apoyos vitales para su subsistencia.

¿Y que vemos que sucede? Que después de tanto bombo y platillo, la distribución de recursos disminuye, la voluntad de apoyar a los más necesitados, también. Porque “se avecinan las elecciones” y la desconfianza de unos contra otros, es el común denominador que impera en las conciencias de quienes deciden lo que ha de acontecer para “ganar espacios de poder” dejando de lado lo que esto dañe, a veces de forma irreparable, a los que nada tienen.

Asi de simple y llano. La cercanía de las elecciones modifica todo, hasta las buenas intenciones de quienes han diseñado un Pacto por México, es decir, un pacto para los mexicanos, pues se sientan a negociar con quienes los presionan, con quienes ejercen el chantaje para continuar dentro de un Pacto, en el que la primera condición para participar tendría que ser la altura de miras, que claramente desconocen.

Frente a las elecciones que significan el fortalecimiento de unos y el debilitamiento de otros, lo que menos parece importar es la suerte de los pobres; lo que prevalece es que no haya beneficio electoral para una de las partes, a partir de la distribución de esos recursos; que son públicos, que corresponderían en justicia a los más necesitados.

El hecho de que 52 millones de mexicanas y mexicanos se encuentren en situación de pobreza, y 11.7 millones en condición de pobreza extrema, según el último informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) nos permite dimensionar la magnitud de los desafíos que enfrenta el Estado para erradicar la pobreza, especialmente en las regiones y los grupos sociales más desfavorecidos y rezagados.

Los datos de Coneval que deberían contribuir a mejorar las políticas públicas, a identificar las estrategias que han funcionado, las dimensiones sociales para las que se requiere redoblar los esfuerzos institucionales y las regiones del país donde es necesario fortalecer la atención a la población en situación de pobreza o vulnerabilidad económica o social, se quedan en el olvido frente al interés de lograr el poder por el poder mismo.

Me gustaría pensar que el sismo del pasado sabado, fue la manifestación de todos los hombres y mujeres que a lo largo de nuestra Historia han dado sus vidas para que México tuviera condiciones de vida dignas y más justas para todos. Un mensaje de enojo e impaciencia advirtiéndonos “Ya basta”

Un mensaje que todos los mexicanos tendriamos que escuchar, empezando por los politicos, porque el hartazgo social está a la vuelta de la esquina, y si las cosas no cambian, todos saldremos perdiendo.

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