La Cruzada Nacional contra el Hambre

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rebecca_arenas

Rebecca Arenas

23 de enero de 2013

 

  Hace un par de días el presidente Enrique Peña Nieto puso en marcha en el Estado de Chiapas, la Cruzada Nacional contra el Hambre, señalando que la carencia alimentaria en nuestro país es una verdad ignorada que “unos no la conocen, otras no la aceptan y algunos ni siquiera se atreven a mencionarla” refiriéndose al hecho lacerante de que México es un país que se proclama como la octava potencia mundial, pero tiene 40 millones de pobres.

Un problema añejo el de la pobreza, que se ha agudizado por el creciente incremento en los precios de los alimentos, la crisis financiera mundial que ha tenido un efecto negativo sobre el mercado laboral del país, y el mal manejo financiero de los gobiernos panistas, que privilegiaron la macroeconomía neoliberal y las reservas internacionales altas, soslayando totalmente el bienestar de las familias.

Según cifras de CONEVAL, en 2011 la pobreza en México aumentó a 46.2 %, lo que representa 52 millones de personas. Este incremento se relaciona entre otros indicadores, con la población que carece de acceso a la alimentación. En la actualidad 7.4 millones de mexicanos padecen pobreza extrema y carencia alimentaria.

El derecho a la alimentación, garantía que consagra nuestra Constitución en su artículo cuarto, hoy por hoy, sigue sin cumplirse. De ahí que el gobierno de Peña Nieto haya dado prioridad a este problema, dando inicio a la Cruzada Nacional contra el hambre, negando que se trate de una medida asistencialista de repartición de alimentos, sino que forma parte de una estrategia integral de inclusión y bienestar social, de un cambio estructural en materia de combate a la pobreza

Cabe aclarar que esta situación crítica, debido a la reducción del ingreso y al aumento en el precio de los alimentos que el país sufrió desde 2007, pudo haberse aminorado con una estrategia financiera adecuada, como hicieron algunos países de Latinoamérica. Como nada se hizo en ese campo, los efectos de la crisis superaron con mucho, el impacto de los programas sociales desarrollados por el anterior gobierno federal. Sin una estrategia que hiciera contrapeso, la inestabilidad económica y la constante fluctuación de los precios alimentarios, han provocado que el tema de la alimentación sea una prioridad para México en la actualidad y en los años por venir.

En los últimos doce años, el gobierno federal impulsó un gran número de Programas y Acciones de desarrollo social, que se caracterizaron por su gran dispersión y falta de coordinación entre las instancias federales. El propio informe de CONEVAL 2012 acepta que no queda clara la razón por la que se crearon programas de desarrollo social año tras año; y aunque reconoce que posiblemente fueron creados para resolver problemas concretos de la población, la falta de resultados claros en la gran mayoría de estos programas, hace suponer que estos recursos tuvieron un propósito político.

A fin de contrarrestar la difícil situación heredada por doce años de ineptitud, y falta de planeación de los gobiernos panistas, Enrique Peña Nieto formuló el Pacto por México, un acuerdo histórico que ha contado con el respaldo de todas las fuerzas políticas del país, cuyo primer objetivo es lograr una sociedad de derechos y libertades, que logre la inclusión de todos los sectores sociales y reduzca los altos niveles de desigualdad que hoy existen entre las personas y entre las regiones de nuestro país.

Las acciones de la Cruzada Nacional contra el Hambre que se focalizarán en las regiones, municipios y colonias registradas en las estadísticas nacionales como las de mayores carencias, deberán ser complementadas con otros acuerdos en educación, seguridad social, atención a grupos vulnerables, reformas en la impartición de justicia; reactivación de la banca de desarrollo y acceso a ella por parte de los micro, pequeños y medianos productores, etc.

La Cruzada Nacional contra el Hambre, constituye un primer paso decidido y sin complejos, tratándose de un país, con las posibilidades del nuestro, que reconoce que entre los más pobres de los pobres, la participación de forma cohesionada en la recuperación del rumbo de México, solo será posible con el estómago lleno.

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