“La omisión norteamericana, ¿distinta o igual?”

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rebecca_arenas

Rebecca Arenas

31 de octubre de 2012

 

  La visión generalizada sobre los tiempos por venir en la agenda México-Estados Unidos no puede ser mas pesimista, tras el tercer debate electoral entre Barack Obama y Mitt Romney sobre Política Exterior; un espacio para clarificar las prioridades de ambos candidatos, y también de los votantes, en esta materia, en donde nuestro país no recibió una sola mención.

En cuanto a Latinoamérica, la breve mención del republicano Romney, en el sentido de que constituimos un mercado potencialmente tan importante como el chino, con la ventaja de la cercanía, no recibió mayor atención por parte del presidente Obama. En que quedamos entonces, seria la pregunta en el aire.

El tráfico de armas, el narcotráfico, la inmigración, temas sobre los que Estados Unidos debe asumir responsabilidades, consecuentemente, también fueron ignorados. Romney falló en arrinconar a su adversario sobre la malograda operación oficial “Rápido y Furioso” que permitió a narcotraficantes mexicanos obtener armas de grueso calibre, y tampoco cuestionó a Obama sobre la falta de una reforma migratoria que, hoy por hoy, sigue dividiendo a millones de familias latinoamericanas, ni sobre el cierre de la cárcel de Guantánamo, promesas de la anterior campaña de Obama, todavía incumplidas. La misma sensación nuestra, es sin duda compartida por América Latina, esperando menciones a futuros tratados de libre comercio, al Plan Colombia, al Plan Mérida; sobre futura asistencia para el desarrollo de la región o la resistencia que Estados Unidos provoca en algunos gobiernos (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua) de la región. A juzgar por lo tratado en el tercer debate electoral norteamericano, simplemente no existimos. Esa fue la opinión de no pocos especialistas, de la que yo difiero diametralmente.

Existimos, pero no de forma grata; no para discutir abiertamente ante los votantes, muchos de los cuales aún no han decidido el sentido de su voto, los complejos temas de nuestra abultada agenda compartida: tráfico de drogas, de armas, de personas, migración ilegal, etc. Adicionalmente lo que realmente interesa al segmento norteamericano de clase media a la baja (la gran mayoría) son los temas de política interna: la recuperación del nivel adquisitivo de su salario, resolver sus deudas hipotecarias y sus necesidades de salud, y en lo exterior, si van a tener a sus hijos de vuelta en casa después de las prolongadas guerras en Irak y Afganistán. No más. Así las cosas, lo que prevaleció en el diseño del tercer debate, sobre Política Exterior, fue simplemente un criterio de estrategia, por ello las preguntas relativas a México y a Latinoamérica, simplemente se suprimieron.

Tocará a nuestros estrategas y especialistas en materia de política exterior, que esperamos se involucren plenamente con las acciones de la Cancillería Mexicana del próximo gobierno, sortear estos mensajes políticos electorales sesgados, con la mayor habilidad y conocimiento del doble código de conducta de nuestro vecino del norte. Una agenda que atienda nuestros principios al igual que nuestros intereses, sin olvidar que más allá de la superioridad en todos los planos, las palabras claves en nuestra relación bilateral, deben seguir siendo: reciprocidad, oportunidad y mutuo respeto.

 

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