Mensaje Presidencial de Año Nuevo

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rebecca_arenas

Rebecca Arenas

9 de enero de 2013

 

 En su primera intervención en cadena nacional, para dar a la Nación un mensaje de año nuevo, el presidente de la República Enrique Peña Nieto destacó que inicia una etapa de renovación y trabajo en equipo para transformar a nuestro país. Un propósito loable en cualquier democracia que se respete, pero en el caso de México, un propósito fundamental e impostergable, tras 12 años de administraciones panistas, inexpertas, faltas de oficio y de visión histórica.

En su mensaje el presidente Peña, reiteró los cinco ejes en que sustenta su programa de gobierno: Lograr un México en paz; impulsar los cambios hacia un México incluyente, con menos pobreza y desigualdad; mejorar nuestras leyes, instituciones y escuelas, para lograr una educación de calidad; impulsar el crecimiento de la economía, para que genere empleos y alcance la prosperidad; y proyectar a nuestro país en el exterior, para fortalecer el liderazgo de México con mayor responsabilidad global.

Con estos planteamientos, Peña Nieto busca, claramente, dar respuesta a la crisis de gobernabilidad que nos ha dejado el PAN. La lucha de los últimos seis años contra el crimen organizado no disminuyó la violencia y mostró que su estrategia, si la hubo, falló diametralmente. El tejido social está pulverizado y es fuente de lo que ahora se llama violencia estructural; los índices de desarrollo social siguen mostrándonos un país desigual con fuertes rezagos en salud, vivienda, educación, debido a una planeación torpe que arriesgó poco y trabajó más por la exclusión que por la inclusión social. En lo económico la paradoja es absurda. Vivimos en un país que se proclama la octava potencia mundial y tiene 40 millones de pobres, en donde una oligarquía voraz no ha podido ser acotada o restringida, donde se ha perdido la identidad como Nación ante el mundo, con una diplomacia menor y subordinada. Los 12 años panistas han sido una mezcla de torpezas derechistas y de ceguera ideológica. No nos enseñaron nada nuevo en sus gestiones y en muchos casos entorpecieron el desarrollo de la democracia.

Peña Nieto ha señalado que su gobierno se tomará el tiempo necesario, para alcanzar las reformas que nos hagan salir del estancamiento de los últimos años. Se trata lograr reformas en prácticamente todos los ámbitos.

El poder judicial y sus ministerios públicos deben renovarse radicalmente; la justicia en México sigue siendo lenta, protege a los poderosos, promueve la impunidad. Nuestros sistemas de procuración de justicia siguen atados a esquemas corporativos y clientelares y nuestras policías no han sido dignificadas, capacitadas para volverlas entes pacificadores y protectores de la ciudadanía. La corrupción mantiene sus redes, las cuales no sólo impiden una buena gobernanza sino que corrompen y descomponen el tejido social, fomentando una cultura desvalorizada y opaca.

La política exterior mexicana debe ser renovada radicalmente. Desarrollar y aplicar una estrategia visionaria para no sólo depender del mercado norteamericano sino del mercado global. De la misma manera, diseñar estrategias para que los beneficios de las exportaciones se vuelvan instrumentos para desarrollar las regiones pobres de nuestro país; construir una infraestructura de primer mundo, crear fuentes de empleo para arraigar a los mexicanos es sus hábitat y ofrecer bienestar, salud, vivienda, escuela; los mínimos de bienestar para alcanzar una vida digna.

Peña Nieto esta asumiendo su responsabilidad de convocar a la unidad nacional y al trabajo conjunto, convocando de manera enfática, a la participación ciudadana que daría respaldo y legitimidad a las acciones del gobierno.

En todo México, está empezando a producirse un gran ánimo de cambio, de trabajo y de transformación, que ya no recordábamos. La percepción de que hay un liderazgo claro, que sabe hacer las cosas, cobrará fuerza y certeza sólo con la participación de la gente. Al tiempo.

 

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