¿México-Estados Unidos, nuevos ejes en la agenda bilateral?

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rebecca_arenas

Rebecca Arenas

21 de noviembre de 2012

 

  Sobre seguridad nacional se habla mucho y se conoce poco. Tiene que ver con la preservación de la soberanía de la Nación y el bienestar de su población, pero cada país la percibe de manera distinta, dependiendo de sus intereses, su grado de desarrollo y su visión del mundo.

Para Estados Unidos, por su tesis del Destino Manifiesto, la seguridad nacional tiene que ver con sus intereses transfronterizos, con control geopolítico y manejo económico con criterios unilaterales; para México en cambio, tiene que ver con factores internos como la pobreza, la marginación y últimamente, con la inseguridad pública. Sin embargo, un común denominador para una política de seguridad nacional sólida y viable, es la existencia de un proyecto nacional que la respalde y justifique; un proyecto nacional que, a su vez, cuente con el respaldo del grueso de los actores políticos y de la sociedad. Lo que en México lamentablemente no está ocurriendo. Una de las principales causas de esta falta de respaldo popular, ha sido la falta de claridad, la falta de rumbo hacia dónde queremos transitar como país. Con la apasionada entrega de los gobiernos panistas a la economía de libre mercado y la obstinada guerra fallida de Felipe Calderón contra el narco, además, de los más de cien mil muertos, lo que hoy nos encontramos es más pobreza, más desigualdad, el campo abandonado, un enorme rezago en la calidad de la educación, y una distancia homérica entre la educación superior y la planta productiva. Una etapa, además, de creciente emigración, de pérdida de raíces y de valores.

En esas condiciones de desventaja e inequidad, la prioridad de los gobiernos panistas fue mirar hacia el norte, olvidando su relación con América Latina en donde había consolidado una posición de liderazgo. Nuestro país empezó a ser visto -por propios y extraños- como un incondicional de Washington, sin una postura propia, ni márgenes de operación geopolítica en la región.

Lo anterior viene a propósito, por el próximo encuentro que sostendrán los presidentes electos de México y los Estados Unidos, Enrique Peña Nieto y Barack Obama; una reunión protocolaria y cordial en lo público, pero que en lo privado permitirá empezar a delinear los ejes de la agenda entre ambos países.

Un tema prioritario para Estados Unidos será, sin duda, la guerra contra el narcotráfico; si México continuará esta guerra con el mismo impulso de Felipe Calderón. Para México, en cambio, la prioridad será la Reforma Migratoria, que lleva años tratando de impulsar con el Gobierno y Congreso de aquel país, sin resultados; por el contrario, cada vez son más radicales las medidas de las autoridades fronterizas norteamericanas en contra de nuestros paisanos que pretenden cruzar a los Estados Unidos.

Otro tema crucial para México, es el tráfico masivo de armas de Estados Unidos hacia nuestro país. Sin las armas compradas por las mafias mexicanas en la frontera norte, sus sicarios no tendrían mejor armamento que las policías, el Ejército y la Armada. Y es que el Gobierno norteamericano, que se dice implacable contra el narcotráfico, en los hechos no ha asumido hacia México ningún compromiso de fondo en este tema.

El combate al narcotráfico y al terrorismo son elementos legítimos en nuestra agenda de seguridad nacional, pero también lo deben ser, acabar con el tráfico de armas, resolver la situación jurídica de millones de mexicanos indocumentados en Estados Unidos; y qué decir del muro de la ignominia, construido en la frontera norte por nuestros socios y vecinos, una incongruencia agraviante para México y los mexicanos, generada por la asimetría. Pese a la enorme influencia norteamericana en nuestra agenda y la carencia de un proyecto nacional que cohesione a los mexicanos, las fuerzas políticas necesitan sumar esfuerzos en torno a un tema que tiene que ver con la viabilidad del país. Se requiere un “Pacto de la Moncloa” mexicano, para recomponer el rumbo, para definir un proyecto nacional que privilegie las políticas preventivas por sobre las correctivas, que invierta en educación y en ciencia y tecnología. Que construya capital humano de calidad, inculcándole valores éticos, democráticos y amor a México.
Ese es el único pase de abordar que tenemos hacia el futuro.

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