Miscelánea Fiscal 2013: ¿palo a la clase media?

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rebecca_arenas

Rebecca Arenas

12 de septiembre de 2013

 

En este mes de septiembre, mes de la Patria, la atención del país, más allá de la violencia cotidiana en la que seguimos inmersos, está en las reformas estructurales que el gobierno federal se ha propuesto sacar adelante contra viento y marea.

Si son buenas, malas, o establecen el justo balance de lo que necesitamos con urgencia los mexicanos, pocos en realidad lo saben. Los diferentes grupos políticos a favor o en contra, tienen su propia versión y la sustentan como verdad absoluta.

Sobre La reforma scal recientemente presentada por el Ejecutivo al Legislativo, ni los propios legisladores de las Comisión de Hacienda de la Cámara baja en donde se discutirán los nuevos gravámenes propuestos, están aún familiarizados con sus contenidos, como lo evidencian sus respuestas evasivas a los medios, tras la generalizada reacción negativa que han provocado el IVA a las colegiaturas y al transporte escolar, o el impuesto al patrimonio, que nadie sabe bien a bien en qué consiste, temiéndose un acoso hacendario, en donde se determinen los nuevos gravámenes según el numero de luminarias, de baños o de metros cuadrados en una construcción.

¿El resultado? Que la gran mayoría de los mexicanos, con un promedio de educación que no supera la primaria, más allá del contenido de las reformas y sus consecuentes resultados, hoy están confundidos, desconocen el meollo del asunto, y reaccionan de acuerdo a su coyuntura inmediata, a sus lealtades o a su conveniencia en el corto plazo.

Nadie quiere salir mal librado por oponerse a una reforma que “hará salir al país de su atolladero¨ piensan algunos, en tanto que otros, se cierran a todo razonamiento, argumentando que no ayudarán a la venta del país que quieren los neoliberales, ni pagarán nuevos impuestos los mismos de siempre.

Lo grave del asunto, es que la nuestra no una democracia participativa de corte plebiscitario, en donde estas opiniones puedan hacerse valer, sino una democracia representativa, en donde los legisladores que llegaron a las Cámaras por el voto ciudadano o por las trasnochadas cuotas de representación proporcional, son quienes decidirán en comisiones y al nal en la plenaria, si se aprueban o no las reformas del ejecutivo que afectarán en el corto plazo los gastados bolsillos de las clases medias, que han visto con enojo las violentas muestras reivindicatorias del magisterio sin que la autoridad intervenga como debe hacerlo, y hoy comprueban con dolor, que en efecto, el gobierno quiere elevar la calidad de la educación, pero mientras tanto, le da de palos al gastado bolsillo de la clase media.

Porque estos segmentos hacen un enorme esfuerzo para mandar a sus hijos a escuelas que sí dan clases, con profesores que no se van a las marchas. Ahora el gobierno les pretende asestar un nuevo gravamen por mandar a sus hijos a escuelas de calidad, y si éstos requieren de transporte escolar, también habrá que pagar un nuevo impuesto.

Enojo e impotencia tiene la clase media de nuestro país, sabedora de que la decisión de que su limitado gasto se reduzca aún más, está en manos de los diputados federales con quienes no tiene mayor cercanía, y a quienes no puede presionar porque no hay reelección inmediata, y porque los representantes populares, no representan ni atienden los intereses de sus votantes, sino el de sus partidos, que poco o nada tienen que ver con los intereses de la ciudadanía. Poco pueden esperar las clases medias de un legislativo ajeno a sus intereses, por lo que de aprobarse la miscelánea scal en sus términos, muchas familias sacaran a sus hijos de las escuelas particulares, ingresándolos a las escuelas públicas, que son insu- cientes para dar cabida a la población de niños y jóvenes en edad escolar de nuestro país.

Los genios nancieros del gobierno tapan un hoyo y destapan otro. Nuestra democracia para consolidarse necesita tener un contrapeso al monopolio de la política que hoy detentan los políticos y sus partidos.

Este contrapeso no es otro que una participación ciudadana, informada, organizada, propositiva, que sepa hacerse escuchar por el gobierno y hacer valer sus derechos, porque esa es la parte nodal del contrato social de que hablaba Rousseau, en donde gobernantes y gobernados cada quien hace su parte.

El problema es cuando esto no ocurre, que es lo que estamos viendo.

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