¿Qué participación ciudadana necesitamos?

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rebecca_arenas

Rebecca Arenas

17 de octubre de 2012

 

Los estudiosos de la ciencia política han dicho y repetido hasta el cansancio que la participación ciudadana en los asuntos públicos, es el elemento nodal hacia el fortalecimiento y consolidación de nuestra democracia.

Pero dejando de lado el debate académico, situándonos en el terreno de los hechos, conviene preguntarnos ¿qué dosis de participación ciudadana podemos esperar en México, cuando la prioridad de una sociedad en crisis como la nuestra, es resolver el diario sustento y sortear la ominosa inseguridad, que se cierne sobre el ciudadano promedio y su familia?. Otra pregunta que surge cuando se habla de participación ciudadana es: ¿Al través de qué cauces ésta debe darse para que cumpla con su cometido de perfeccionar la democracia, cuando lo que vemos funcionar, no son mesas de diálogo entre ciudadanía y Gobierno, sino muestras de inconformidad expresada en marchas, plantones y enfrentamientos violentos, para demandar atención y respuestas de los gobiernos?

Decía Fernando Savater, que la política es sólo el conjunto de razones que tienen los seres humanos para obedecer o para rebelarse, pero estas razones nunca son las mismas, ni se producen de manera lineal. Más allá de las inexpugnables tesis de los estudiosos sobre los paradigmas de la participación ciudadana, existen algunos indicadores ampliamente probados, que conviene analizar:

-Los ciudadanos casi siempre cumplen sometiéndose a las decisiones de la política, mientras los gobiernos que aspiran a un buen nivel de aceptación pública, tienen la obligación de buscar el justo equilibrio entre el cumplimiento de las demandas formuladas por la sociedad y su necesidad de ejercer el poder.

-La mayor parte de los ciudadanos de cualquier sociedad política no responde a la clásica prescripción democrática, de que deben estar todo el tiempo involucrados, informados y activos en las cuestiones públicas. -Es un hecho, que no se necesita una muy alta participación de la población para alcanzar el éxito de la democracia. No obstante, para asegurar la responsabilidad de los funcionarios públicos, es esencial que un alto porcentaje de ciudadanos participe, tanto en los procesos electorales, como en aquellas causas o demandas que directamente les afectan.

-Mantener abiertos los canales de comunicación en la sociedad (hoy lo facilitan las redes sociales) contribuye a asegurar la responsabilidad de los funcionarios públicos en relación con las demandas ciudadanas. -Niveles moderados de participación mantienen el equilibrio entre los roles extremos de participación activa y demandante, y los de pasivo sometimiento a las reglas democráticas de convivencia. -Los niveles moderados de participación permiten mantener el equilibrio entre el consenso y el rompimiento en una sociedad. También contribuyen a equilibrar el funcionamiento de los sistemas políticos que deben ser, al mismo tiempo, responsables y decididos en su actuar.

-Los niveles de participación muy elevados pueden actuar en detrimento de la democracia si tienden a politizar a ultranza a amplios segmentos de la población.

-Los niveles moderados o de baja participación ciudadana, hacen mayormente responsables a las elites políticas del funcionamiento exitoso de la democracia.

-Una sociedad con amplios niveles de apatía puede ser fácilmente dominada por una élite poco escrupulosa, de modo que sólo la continua vigilancia de grupos significativos de la ciudadanía, puede prevenir los riesgos del autoritarismo y la corrupción flagrante.

-El control del sistema político por la sociedad, sólo será posible presionando a las élites a mantenerse en contacto con la población y alentando a los ciudadanos a volverse activos. En este sentido, la preparación moral y política de los ciudadanos, la construcción de ciudadanía, es el punto de partida indispensable.

Resumiendo. La mejor participación ciudadana para la democracia, no es la que se manifiesta siempre y en todas partes, sino la que se mantiene alerta; la que se propicia cuando es necesario, para encauzar demandas justas que no son atendidas con la debida profundidad o para impedir las desviaciones o excesos desde el Poder público.

Esa es la participación ciudadana viable y efectiva que debemos promover, la que hará posible la democracia de beneficios tangibles, que tanto necesitamos.

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