Seguridad y economía, prioridades compartidas

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rebecca_arenas

Rebecca Arenas

8 de mayo de 2013

 

  La visita del presidente norteamericano Barack Obama la semana pasada, y sus acuerdos con el Presidente Enrique Peña Nieto, en materia de seguridad y cooperación económica, sin duda surtirán importantes resultados en un plazo relativamente corto.

Había preocupación por la esperada iniciativa mexicana de modificar el orden de las prioridades en los programas conjuntos -México-Estados Unidos– para fortalecer lo económico por sobre la seguridad, habida cuenta de la importancia del tema para el bienestar de nuestras dos naciones y por las importantes interconexiones que existen entre nuestras dos economías.

Pero primero hay que dilucidar los efectos que la respuesta mexicana debió haber causado en el presidente norteamericano, acostumbrado, como está, de recibir total aceptación a sus sugerencias y planteamientos.

Lo anterior, porque desde antes de su arribo al país, las especulaciones tanto en México como en los Estados Unidos, se centraban en la preocupación, expresada por la prensa de nuestros vecinos, ante la posibilidad de que México le asignara menor peso al tema de la seguridad, lo que complicaría los compromisos de Obama con sus legisladores, en los diversos foros de su país a favor de una reforma migratoria, que tiene como premisa para su discusión la seguridad en su frontera sur.

Puras especulaciones. Los dos temas fueron tratados y se tomaron acuerdos en plena consonancia con las capacidades de cada país de garantizar su cumplimiento. Aunque en materia económica, hay que decir que en México se abrigan serias preocupaciones por su penetración en la economía norteamericana y por la tendencia a que esa siga perdiendo dinamismo por los efectos de su competencia con el nuevo jugador en el tablero económico mundial, que es la República Popular China.

También hay preocupación por el supuesto desperdicio de oportunidades de México en el mercado norteamericano, ya que China y Corea del Sur han ganado mercado en 44 categorías que anteriormente tenía el país. En 2012, México quedó con el 52 por ciento del mercado de equipos de refrigeración de Estados Unidos, contra 54 por ciento del año anterior. Ese grupo de productos es una de las 44 categorías en donde el país perdió mercado en EU.

No obstante ello, las expectativas para la economía mexicana, en 2013, son ahora de un crecimiento de 3.3% en términos reales y una inflación cercana al 4%. Ambas cifras muestran ligeros deterioros sobre las proyecciones de la unidad de Planeación Económica de la Secretaría de Hacienda. Esas tendencias han sido ratificadas por pronósticos recientes del Banco de México, que bajan el PIB y suben la inflación, si bien ligeramente sobre lo originalmente proyectado.

En cuanto a mayor seguridad en la frontera compartida, la actualización y pleno cumplimiento de los “Protocolos para Prevenir la Violencia Fronteriza” en base a las capacidades reales de cada país, será el eje fundamental para coordinar esfuerzos que redunden en resultados tangibles, obviamente graduales, en donde el propósito será que los resultados positivos se repitan. Que las acciones coordinadas del corredor Sonora-Arizona (el caso ejemplar) pronto puedan reflejarse en el corredor Tamaulipas-Texas, actualmente inexpugnable y tremendamente peligroso en la parte mexicana. Mas allá de discursos grandilocuentes, resultados concretos.

Finalmente, tanto a los estadunidenses como a nosotros nos conviene que la frontera compartida sea una zona de paz, y en cuanto a la reforma migratoria que impulsa el Presidente Obama, los mayormente beneficiados serán nuestros paisanos, que hoy por hoy, constituyen indiscutible mayoría entre la población indocumentada de aquel país. Como conclusión simplista, pero no por ello menos cierta, las prioridades de Obama, por esta vez son las nuestras.

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