Sobre democracia y valores ciudadanos

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rebecca_arenas

Rebecca Arenas

13 de febrero de 2013

 

Recordar el significado y horizontes de participación que nos ofrece la democracia, es fundamental, si queremos participar en ella de manera activa.

Porque no se limita al mero ejercicio del sufragio, como lamentablemente ocurre, sino que nos ofrece muchas otras opciones de actuación que nos acercan a la solución de los problemas que enfrentamos en nuestra vida diaria. Desde esta perspectiva, participar en el diseño y seguimiento de las políticas públicas que nos afectan directamente, es una forma de participar en la democracia, al igual que lo es promover un efectivo acceso a la información, y a la rendición de cuentas por parte del poder público, o constituir un observatorio ciudadano, una especie de contraloría social, que siga y evalúe el quehacer gubernamental, de eso y más trata la democracia hoy en día.

Asimismo, cabe recordar que la democracia tiene varias formas: La democracia directa cuando las decisiones son adoptadas directamente por el pueblo; la democracia indirecta, cuando las decisiones son adoptadas por personas reconocidas por el pueblo como sus representantes; y la democracia participativa cuando se aplica un modelo político que facilita a los ciudadanos la capacidad de asociarse y organizarse para ejercer una influencia directa en las decisiones públicas, y en circunstancias particulares, para llevar a cabo mecanismos plebiscitarios. Ninguna de estas formas de democracia son excluyentes y suelen integrarse como mecanismos complementarios.

El término «democracia» también se utiliza ampliamente para referirse a formas de convivencia y organización social, con relaciones más igualitarias entre sus miembros. En este sentido, valores como la honestidad, la solidaridad, el respeto, la tolerancia, la responsabilidad, la perseverancia, la reciprocidad, entre otros, son reconocidos como valores democráticos, y su conocimiento y puesta en práctica, hacen posible la convivencia armónica en sociedad.

Sin pretender minimizar los graves problemas sociales por los que atravesamos, un factor nodal que ha provocado que el mundo se le venga encima a muchos mexicanos, tiene que ver con sus valores en crisis o la ausencia de ellos; porque en el día a día, no es verdad que todo nos dé igual, aunque lo pretendamos. Porque no es lo mismo ser solidario que no serlo. Ni es lo mismo la gratitud que la ingratitud, ni la responsabilidad que la irresponsabilidad. Cada una de estas actitudes tienen un peso propio, negativo o positivo, cada una es portadora de intenciones, algunas de ellas inspiradas por valores, que es fundamental saber identificar.

Las personas más significativas para el niño o el joven, son las que más influyen en su percepción de los valores: padres, maestros, educadores, tutores, religiosos. De ahí la importancia en la vida de muchas personas, el aprendizaje durante sus primeros años. Porque una vez interiorizados, los valores se convierten en guías y pautas que marcan las directrices de una conducta coherente, para tomar las decisiones pertinentes, responsabilizarse de sus actos y aceptar sus consecuencias.

Desde esta perspectiva, es prioritario no solo para el gobierno sino para el país en su conjunto, impulsar los valores cívicos desde la niñez si queremos tener una mejor sociedad. Que tengamos niñas, niños y jóvenes que respeten la ley, que cuiden el medio ambiente, que sean solidarios con sus compañeros, que eviten la violencia, que conozcan sus derechos, pero también sus responsabilidades. Es decir, que vayamos construyendo una mejor ciudadanía, de la única forma efectiva en que podemos hacerlo, trasmitir e inculcar estos valores con el ejemplo.

En 2001, dos de cada tres mexicanos consideraban que la corrupción no era un asunto importante. Diez años después, la reacción es a la inversa, mostrando un cambio en la conciencia colectiva de la importancia de los valores cívicos. A pesar de nuestros múltiples problemas, hoy se dan mejores condiciones para hacer pactos sociales graduales que vayan conquistando nuevos horizontes de convivencia ciudadana: no estacionarse en las banquetas y en doble fila, no comprar piratería, no arrojar basura en la vía publica, no dar mordidas a los policías. Debemos llegar a un punto en el que todos los ciudadanos estén conscientes de que la corrupción, la violencia y la contaminación, son perjudiciales para todos y que solo participando socialmente podemos cambiarlos.

 

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