Transición gubernamental, compás de acuerdos

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rebecca_arenas

Rebecca Arenas

5 de septiembre de 2012

 

En estos días finales del Gobierno panista de Felipe Calderón y de inminente inicio del Gobierno priísta de Enrique Peña Nieto, todo parece haberse vuelto miel sobre hojuelas entre ambos partidos. Tras la resolución del TEPJF reconociendo a Peña, el encono y las acusaciones mutuas han dejado el paso a la cortesía y al reconocimiento, el clima que requiere una transición, al menos por el momento.

En diametral contraste, la reacción de las izquierdas continúa ríspida en todas sus vertientes: con mantas y consignas en la tribuna de San Lázaro, o con opiniones como la de Marcelo Ebrard, que desde Roma, descalifica el desempeño del tribunal electoral. ¿Qué pretenden realmente las izquierdas de nuestro país, tras la resolución final e inapelable de los magistrados electorales? Para conocer sus motivaciones, lo primero es analizarlas por separado, porque han caminado juntas por necesidad, pero difieren mucho en sus objetivos y estrategias.

El PRD por lo pronto, usará los más de 15 millones de votos que obtuvo en la pasada elección, para buscar influir en las decisiones nacionales. Tiene en su contra sus tribus y cuotas, su sectarismo y oportunismo, sus clientelas, amagadas por la pobreza y la necesidad, que no le garantizan ninguna lealtad de surgirles alternativas.

El propio Cuauhtémoc Cárdenas, fundador del PRD, arremetió hace unos días, contra la falta de organización y las confrontaciones internas de este partido, sentenciándolo al “achicamiento y a los fracasos”, como ya ocurrió en la pasada elección, en donde obtuvo menos votos que en 2006.

La razón es clara, desde hace años en el sol azteca no ha habido trabajo de organización que le permita ampliar y fortalecer sus bases ciudadanas y territoriales. Otro error grave han sido sus alianzas electorales con partidos que mantienen posiciones diametralmente opuestas a la suya, como lo hizo con el PAN en Oaxaca, Puebla, Sinaloa y Durango. Si el PRD y el conjunto de organizaciones partidarias de la llamada izquierda quieren convertirse en reales alternativas de poder en lo nacional, lo que tienen que hacer desde ya, es un intenso trabajo de afiliación y organización por todo el país, y definir una sola línea de acción en torno a la cual ciñan sus actuaciones las dirigencias nacional, estatales y municipales; los gobiernos del partido, y sus legisladores federales y locales. Se dice fácil, la tienen muy difícil.

López Obrador el personaje emblemático de las izquierdas, tomará la parte de los votos que le corresponde de la pasada elección y navegará con ellos hasta 2014, cuando se abra la convocatoria para la creación de nuevos partidos y formará el suyo. Su propósito es contender una vez más en el 2018, postulado seguramente por su Movimiento de Renovación Nacional (Morena) y por el PT, bisagra de sus propósitos.

Dante Delgado y Alberto Anaya son hoy por hoy, los mejores aliados que tiene López Obrador, y forman parte de su reinvención electoral. Esa es la izquierda que más le ha funcionado al tabasqueño, porque se presta para la manipulación, y porque su razón de ser y su misión no es un proyecto o una ideología, sino el dinero. Y para conseguirlo López Obrador, ya lo hemos visto, se pinta solo.

En este compás de espera, que es la transición gubernamental, el encono de las izquierdas en realidad es más forma que fondo. Este es el tiempo de los acuerdos formales pero también de los acuerdos tras bambalinas, y en esta dinámica nadie quiere quedarse fuera.

El ánimo que se percibe entre panistas y priístas es de tregua y civilidad, ya veremos cuanto dura. En las izquierdas, todo esta prendido con alfileres y el apoyo a López Obrador por parte de las tribus podría desdibujarse en cuanto la carga de respaldar al “legitimo” les sea demasiado pesada para la obtención de beneficios. No hay que olvidar que su fuente de abastecimiento hasta ahora, el Gobierno del Distrito Federal (GDF), hoy tiene la trinca: Ebrard, Camacho y Mancera, que traen su propio proyecto.

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